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El verde nos refuerza

Nuestro sistema inmune necesita el verde de la naturaleza para reforzarse, escuchar el canto de los pájaros, esta simple acción nos ayuda a reducir los niveles de cortisona, así como un paseo entre los árboles que desprenden Phytoncides y que hace que aumente la actividad de las células NK que tienen una función inmunológica y anticancerígena.

Pasar tiempo en un entorno natural conduce a la atención restaurada a través de la fascinación de la suavidad del movimiento de las hojas, el discurrir del agua, el vuelo de las mariposas o de los pájaros en el cielo....

Se ha comprobado que también tiene un efecto terapéutico la tecno naturaleza que consiste en ver un documental sobre naturaleza e incluso fotografías de flores.

Desde el comienzo de la pandemia se ha puesto en evidencia el elevado grado de desconexión con los entornos naturales, esto lo demuestra el declive de las especies y el daño que provocamos en los hábitats naturales.

Esto nos lleva a ser menos sanas, menos bondadosas y generosas entre las personas.

El contacto con la naturaleza aún en un espacio minúsculo, calma la mente, da paz, consuela y arropa, sembrar una semilla y cuidarla hasta que nos regale una flor disminuye la tristeza, comernos el fruto nos enseña que la paciencia tiene un premio, aprendemos a comer sano y productos de temporada.

Todo lo que realizamos en un jardín comestible o en un huerto decorativo tiene un valor esencial para el bienestar integral de las personas.

 

 

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